‘Palais’, una conversación con garabatos

En otoño de 2025 Artium Museoa expuso la pieza ‘Palais’ (2020) de la artista Alex Reynolds, adquirida en el marco del programa Colección Compartida. La obra documenta en primera persona una serie de incursiones en el Palacio de Justicia de Bruselas. El vídeo se presentó en el espacio de la Sala Z del museo junto al díptico ‘Palais, del pie al ojo a la mano, 10’37″‘ (2022), una transcripción en lápiz y papel de una de las tomas grabadas dentro del edificio. Sonia Fernández Pan entrevista a Alex Reynolds con motivo de la muestra.

Sonia: Estos días decidí parar mi longevo hábito de redes sociales antes de dormir para leer libros, aunque los contenidos sean muy parecidos. El Discurso sobre el colonialismo de Aimé Cesaire es el que tengo entre manos estos días. Ya lo conocía, de manera fragmentada y en inglés, pero en Barcelona encontré una edición en catalán que compré al momento para traerme a Berlín. Al volver a leer el primer párrafo, que termina con que “Europa es indefendible”, sentí con mucha fuerza el hoy –el ayer y seguramente el mañana– en palabras de hace setenta años. Pensé no sólo en Palais, sino en nuestro último encuentro con otro palacio de justicia (IJC) en la pantalla hace casi dos años con el caso de Sudáfrica contra Israel… ¿Cómo sientes Palais, con todo lo que ha pasado desde octubre de 2023? ¿Cómo lo han sentido o leído otras personas desde entonces?

Alex: Curiosamente es una película que cada vez me piden más. No necesariamente para exponerla en público, aunque ahora esté en Artium Museoa. Pero corre la voz y me piden el link para verla, mucho más que cuando la hice. Hace un par de semanas volví a visitar el edificio de Palais. Fui con otra persona y me metí en sitios y recovecos en los que no había estado nunca: en los sótanos, en una catacumba que tenía un túnel muy estrecho. Conseguí llegar bastante lejos por ese túnel hasta que el miedo me hizo dar marcha atrás. Volví a subir un poco, crucé un espacio, subí unas escaleras y encontré una especie de puerta con la entrada bloqueada por una luz sobre un trípode. Me salté la luz, y me encontré con un archivo muy ordenado de casos entre el 2019 y el 2025. Por un lado, me parece increíble que no estuviesen a puerta cerrada; por el otro, que estén en un sótano oscuro, con una luz enchufada de aquella manera… quien tenga que bajar a recoger una carpeta ahí debe de ser rarísimo.  Al mirar las carpetas, encontré una que decía “escucha”, y al abrirla me di cuenta de que le habían pinchado el teléfono a alguien. Eran todas sus conversaciones, sus contactos de teléfono, etcétera. Me dio otro tipo de miedo: el de meterme en un problema por mirar documentos clasificados. Al mismo tiempo, me preguntaba, ¿qué hacen todos esos documentos ahí? Resumiendo, lo que quiero decir es que todo es una gran chapuza.

Para mí, Palais funciona como una caricatura de todo el sistema legal y más allá. Las construcciones que tenemos, las ficciones que nos montamos, son bastante chapuceras. Son algo que imponemos a la realidad, más libre y descontrolada, para darle alguna forma, algún orden, algún tipo de control… e inevitablemente tiene sus rotos y descosidos. La justicia también o incluso más. Siempre me ha fascinado, pero cada vez creo menos en el sistema judicial. Es una herramienta más para buscar accountability, que es una palabra cuyo equivalente en castellano no conozco. Es –o podría ser– una forma más de resistencia, pero está todo construido sobre unos cimientos bastante chapuceros y podridos, y sobre todo, no se aplica igual a todo el mundo. La Ley Internacional, Naciones Unidas, el 48… todo se construye sobre una excepción que es precisamente la excepción palestina. Hay muchos derechos humanos siempre y cuando no tengan que incluir a Palestina. Y lo vemos precisamente hoy, cuando Naciones Unidas ha aprobado el plan de Estados Unidos e Israel para Gaza, oficializando el colonialismo y la ocupación. Es una gran decepción, porque creo que, en algún momento, cuando era más pequeña, creía en estas estructuras, me educaron así.

Sonia: Respondo en modo rotonda… Cuando me contabas sobre el caso de los documentos apilados, pensaba en aquel proyecto tuyo ¿en Suecia? en el que tú enviabas cartas y te hacías pasar por otras personas…. Ahora no recuerdo cómo se llamaba…

Alex: But They are not you

Sonia: Y al escucharte hablar de esta enorme chapuza que es la ley, pensaba en cómo a mi vuelta de Japón empecé a informarme más de su pasado imperialista y de su genocidio en Asia, sobre todo en China y Corea. Recuerdo ver un documental sobre los Juicios de Tokio, que serían un análogo de los Juicios de Nuremberg, con esta pesadumbre de que los Nazis sigan siendo un paradigma que coloca a Alemania en una posición de superioridad. Entendí que estos juicios buscaban accountability, señalando al emperador como último responsable de la muerte de entre 20 y 30 millones de personas. Duraron más de dos años con más de 800 sesiones y no consiguieron mucho, seguramente por intereses estadounidenses. Parece ser que ellos entendieron muy rápido que, con la caída del emperador, se caía toda la sociedad japonesa. Creo recordar que un oficial, un alto cargo, dijo algo que acusaba al emperador en ese idioma de curvas que es el japonés y tuvo que volver y retractarse y culparse a sí mismo… Toda una pantomima.

Alex: Es que, en última instancia, un juicio es como una batalla de narrativas. Quien cuenta la historia más creíble –o supuestamente la más creíble– es quien gana. Se supone que ahí gana la verdad sobre unos hechos que se están juzgando. En esa lucha narrativa, cuando tú dices que, si el emperador cae, cae toda la sociedad, es porque también se cae toda una narrativa que sostiene esa sociedad. Algo muy parecido ha estado sucediendo con Israel. Hasta ahora, había conseguido mantener la ficción con la que se erigía como la única democracia en Oriente Medio, entre otros argumentos. Hoy día es una narrativa que Israel ha perdido por completo, al menos a nivel internacional. Todos los medios y todo el Hasbará de Israel no han podido con la realidad de los hechos. Esto también es gracias a otras formas de hacer circular los hechos, como las redes sociales. Y sin embargo Naciones Unidas acaba de aprobar ese plan para Gaza. Cuando la misma gente sigue teniendo el poder en estas estructuras, con la capacidad de veto de Estados Unidos, por ejemplo, no sé cómo se les gana, más allá de desmontar todas estas estructuras que no nos están sirviendo.

Sonia: Que exista un país e imperio con derecho de veto ya deja muy claro donde estamos… Aunque volviendo a tu encuentro con aquellos documentos durante tu incursión en el Palacio de Justicia de Bruselas, pensaba que algo así pasa con las noticias o con lo que llamaría realidad. Es decir, están ahí, en un sótano, pero hay que ir a buscarlas. Puedes saber lo que está sucediendo en Palestina, aunque el sótano está cerrado y abierto a la vez, escondido pero desprotegido. 

Alex: Sí, pero la historia sobre Palestina no está nada escondida. Sólo debes tener un mínimo de curiosidad. Toda esa información, toda esa historia está online y en los libros. Sucede que se ha invertido muchísimo dinero y muchísima energía para que esa realidad no trascienda y se ignore por completo durante tanto tiempo.

Sonia: Está en la Wikipedia, en la entrada sobre Palestina, no hace falta ir muy lejos. También están en la Wikipedia las entradas que cuentan cómo Japón ofreció la Manchuria ocupada (Manchukuo) y lo que es ahora Shanghái, para la creación de Israel. Todos los datos están ahí, pero quizás lo que está escondido o lo que llamo sótano es el camino. El acceso a la información tiene mucho de garabato. Yo misma me he sorprendido de mi propia ignorancia a pesar de haber nacido y crecido en lugares en los que el apoyo a Palestina es casi parte de nuestro sistema operativo. Pero no nos enseñan que nuestro bienestar se sostiene en el malestar de tantos otros. La justicia como sistema también se sostiene gracias a la injusticia como práctica y método.

Volviendo a 2020, la fecha oficial de Palais y la película que nos reúne aquí, sé que algunas cosas ya las has contado porque volví a escuchar nuestro podcast para The Tale and The Tongue. Ahí están respuestas a preguntas que vuelvo a hacer, pero me parece interesante que parte de la memoria sea olvidarnos y volver a recodar. Entonces, vuelvo a preguntarte por el inicio de tu incursión en el Palacio de Justicia de Bruselas, la ciudad en la que vives hace tiempo. Yo recuerdo, en 2006, las vistas de la ciudad desde esa plaza y una sensación de impenetrabilidad del edificio. Pero también que estaba a un lado y cómo las vistas eran una distracción de su presencia monumental. Me hace pensar en cómo la Unión Europea está y no está en una ciudad que tiene algo de pueblo a pesar de todo el aparato burocrático europeo. Te pregunto por las expectativas antes de entrar en el edificio y la sensación al salir de él, pues a veces hacemos cosas para confirmar lo que ya intuíamos y otras veces para descubrir lo que no sabíamos. A la vez, la experiencia borra cosas, como se borran los sueños al contarlos. Creo que hiciste varios intentos.

Alex: Antes de contestar a tu pregunta, me parece interesante lo que comentas. Efectivamente, al salir del Palacio de Justicia tienes vistas sobre la ciudad. Pero más allá de las vistas que tú puedas tener desde allí, el edificio está hecho para que tú lo veas desde cualquier punto de Bruselas. Está muy arriba, en Les Marolles, un barrio que se destruyó en parte para construir el Palacio de Justicia. Y está hecho así para que tengas presente el poder de la justicia y el castigo en todo momento. También es interesante que digas que la sede de la Unión Europea no tiene mucha presencia en Bruselas. Tiene un barrio, pero no tiene la misma cualidad monumental. En vez de imponerse sobre la cuidad, es un “runrún” de fondo, una forma que ilustra el cambio hacia lo que se llama soft power. Está escondido y omnipresente a la vez. Así que es interesante hacer la comparación geográfica y arquitectónica entre estas dos sedes.

Volviendo a tu pregunta, recuerdo que mi motivación para entrar estaba en que me habían hablado del edificio, me habían dicho que era una locura y que era interesante entrar y perderse… Yo tenía la expectativa de una especie de laberinto. Creo que mi experiencia ha cambiado desde entonces porque también ha cambiado mi manera de estar en el mundo. Ahora es bastante más politizada que la primera vez que entré allí.  Entonces, me impresionó mucho. Me impactó a nivel formal y político en relación con cómo estaba construido para afectar a un cuerpo que lo atraviesa. También recuerdo que escribí un texto muy corto que tiene algo de Alicia en el País de las Maravillas porque entras en una sala enorme del edificio y te sientes súper pequeña; luego te metes en un ascensor y sales a la planta tres y medio y estás en Being John Malkovich para sentirte un gigante en medio de un pasillo en el que casi tocas la cabeza con el techo. Todo esto me interesó por cómo se utiliza esta arquitectura para dirigir, desorientar, intimidar… La cualidad formal de este edificio habla mucho de lo que son capaces de hacer un sistema burocrático y un sistema legal. Todavía tengo esto en cuenta cuando entro al Palacio de Justicia, pero ahora tengo mucho más presente su historia: cómo se ha construido, de dónde viene, la historia de Europa, la historia de Occidente… todo ello en relación con una historia de violencia. Es la misma experiencia, pero con una lente distinta.

Sonia: Me haces pensar en cómo ha cambiado mi experiencia de Berlín en los últimos años, incluso en mi relación con la música. Si antes la electrónica oscura era un acceso a una Europa más Europa, ahora me fijo en dónde hay cumbia. La música es para mí una cuestión de temperaturas. Una amiga y yo comentábamos como ahora nos gustan mucho más los neuebau que los altbau en nuestros paseos. Todo viene de un agotamiento de la europeidad alemana, donde el sionismo es el weather. Pero también hay muchísima resistencia y se siente más grave o seria que en otros lugares. No es lo mismo manifestarse aquí que en Barcelona. Como no es lo mismo manifestarse a menos cinco grados que a quince. Y hay algo en el urbanismo alemán que me duele, que me recuerda a la “obediencia anticipatoria” de esta cultura por lo idénticos que son los edificios. Por ejemplo, en las grandes manifestaciones pro-Palestina, que pasan por el Bundestag hacia la Columna de la Victoria, no me siento bien. Me recuerdan a la sensación de desfile que tuve en una manifestación contra la AfD en 2018 convocada por el gobierno. Sé que son muy necesarias, porque dan esa gran imagen aérea con miles de personas, pero suceden entre arquitecturas alemanas de oficinas. Ha costado mucho que una manifestación pro-Palestina pueda marchar por esta zona, pero a la vez el Bundestag te aplasta emocionalmente.

Alex: Yo viví y me fui de Berlín, por experienciar actitudes muy diferentes a mi manera de ser o querer estar en el mundo. E incluso así, me ha sorprendido todo lo que ha sucedido en Alemania. Al principio, no daba crédito. Sin embargo, mirando en retrospectiva hay algo que ya se sentía que estaba allí.

Sonia: Pero otra narrativa que está cayendo es la del sionismo alemán. También la de la eficiencia alemana y la de Alemania en sí. A mí esto me parece muy importante en el contexto de la Unión Europa, donde en su momento hablar con Europa era llamar a Angela Merkel. Siendo del sur de Europa –o del norte del sur del norte, como me gusta decir– te das cuenta de cómo Europa es una idea que prescinde del sur y del este. Al decir Europa, la gente dice Alemania, Holanda, Bélgica e Inglaterra, aunque no esté dentro de la Unión Europea. 

Girando hacia Palais, quienes vemos la película, vamos contigo en tu incursión. Es de esas películas en las que sabes lo mismo que los personajes, no más. Como a ti, nos dan miedo los pisos intermedios, los ascensores y los cigarros que alguien que ya no está acaba de fumar. Al ser fumadora, da todavía más susto. Estamos todo el rato en suspense. Buscamos contigo algo que no sabemos que buscas. ¿Qué buscabas tú? ¿Es búsqueda la palabra?

Alex: Pues no sabía qué buscaba. En general, nunca sé exactamente qué busco cuando hago una pieza. No sólo me ha pasado con Palais, sino con muchas otras. Hay una intuición o una curiosidad o un deseo que me lleva a moverme. Pero incluso cuando sé que la pieza está terminada, no entiendo muy bien lo que he hecho. Sólo sé que hay algo ahí.

Sonia: Creo que eso es bueno, Alex…

Alex: Recuerdo que cuando Alma y yo terminamos La mano que canta, me tocó presentarla. Tuve que hacer uno de esos videos institucionales, pero no llegaron a usarlo porque no salió bien. Y no salió bien porque cuando me preguntaron si les podía explicar de qué iba la película, me di cuenta de que no tenía ni idea. Habíamos hecho una película y además muy precisa, pero no sabía todavía ponerla en palabras. En el caso de Palais, sencillamente tenía curiosidad por el edificio y sentía ganas de recorrerlo y descubrirlo. Sabía que iba a entender cosas a través de esa experiencia. Es un edificio que me sorprende cada vez que voy. Y es extraño, porque lo conozco y, al mismo tiempo, no.

Sonia: Yo solo he entrado en el edificio con tu película. Me hace pensar en las catedrales y en cómo se les asigna un estilo cuando pasan por muchos otros estilos y períodos. Digo esto tras haber usado la Catedral de Santiago muchas veces como atajo para llegar a la universidad. El Palacio de Justicia también tiene algo de pastiche donde un estilo lleva a otro y pasas por el escaparate, el salón de invitados, los bajos fondos…

Alex: En realidad, es muy Bruselas.  Existe el concepto arquitectónico de “bruselización”, porque en una calle de Bruselas puedes tener un edificio del siglo XIX, uno de los años 70 y otro del 2020, porque en algunas épocas se destruyeron edificios antiguos indiscriminadamente. Bruselas no es nada homogénea y algo parecido le pasa al Palacio de Justicia en este sentido.  Para mí era interesante que cuando ves Palais estás además viendo una película de juicios, una película de oficinas y juegos de poder de los años 70 o The Blair Witch Project… Pero es que cuando yo veo una película me es muy difícil ver solamente una única imagen. Siempre estás sosteniendo varias imágenes al mismo tiempo.  En Palais eso es muy evidente y por eso está montado de una manera más performativa y menos en el ordenador. Si, por ejemplo, yo hubiese montado Palais haciendo más cortes, cualquier persona que no sea de Bruselas pensaría que me estoy inventando el edificio con un collage de muchos otros edificios. Para evitar esto, tenía que caminar y que el corte del siglo XIX a los años 70 sucediese a través de una puerta y un cuerpo que la atraviesa.

Palais. Alex Reynolds, 2020. Fotograma. Cortesía de la artista

Sonia: Seguramente te lo han dicho muchas veces, pero la última vez que la vi en mi ordenador pensaba en El arca rusa de Sokurov y en el Hermitage, donde tampoco he estado. Se me apareció como un destello, o como un parpadeo.

Alex: Es muy diferente, aunque entiendo perfectamente la asociación. Palais son planos-secuencia donde te vas metiendo en los recovecos de un edificio. La película de Sokurov es casi una obra de teatro filmada. Todo es un gran único plano-secuencia en el que todo está preparado, escenificado, planificado al milímetro; es ficción. Palais en ese sentido es todo lo contrario: no hay apenas medios de producción, no aparecen personas, es una pequeña cámara en un bolsillo y yo misma sin saber lo que me voy a encontrar…

Sonia: Perdona que siempre vuelva a mis obsesiones, pero me haces pensar en cuando los DJs pinchan con vinilos. Si estás grabando un mix y se te descuadra, tienes que volver a empezar de cero. ¿Es algo que te pasó?

Alex: No, yo no repetía. Justamente por eso es diferente a lo que hace Sokurov. Yo no tenía un recorrido planificado por el edificio. Empezaba a caminar y me dejaba llevar por la curiosidad. Todo me lo encuentro por primera vez. Es más, me pierdo. Los dibujos de Palais, del pie al ojo a la mano, son intentos de seguir el recorrido mientras reviso los planos. Los hago dos veces, pero en papel y ni siquiera en el papel consigo hacer el recorrido dos veces. Mientras miro las imágenes en la pantalla con el lápiz sobre el papel, el segundo dibujo me sale siempre rana porque me pierdo; mi mano se pierde. Hay algo ahí porque es muy difícil conocer ese edificio o al menos lo suficiente como para luego saberte un recorrido. Aunque imagino que, si trabajas ahí, haces siempre el mismo recorrido… Yo estaba haciendo tantos diferentes que a veces me volvía a cruzar con un piso que conocía, de chiripa.

Sonia: ¿Y los dibujos fueron antes que la grabación, en paralelo o después?

Alex: Fueron después, porque son dibujos de los planos-secuencia. Lo que yo hago es usar uno de los recorridos y, mientras lo miro con la mano en el papel, voy siguiendo el recorrido del vídeo sobre el papel, sin mirarlo. Es básicamente una manera de mirar el metraje sin despistarme, una manera de mantener la atención mientras editaba los planos-secuencia.

Sonia: Se me viene a la cabeza la palabra juego. Me acuerdo de tu película con la voz de Julia Spínola y en A Bunch of Questions With no Answer, aunque no la haya visto. O el juego de las películas de juicios donde gana el mejor argumento, por volver al principio y al lenguaje como una tecnología que también empieza guerras y las termina, a priori… ¿Estás haciendo un garabato en este momento?

Alex: Pues sí…

Sonia: Laure Provoust hizo lo mismo durante una conversación para un podcast, ¿Me lo envías luego? Los garabatos tienen mucho de oficina y de burócrata al teléfono, al menos antes de las redes sociales y de las tantas pantallas. Al pensar la exposición para Galería Vilaseco, pensé primero en pedirte los dibujos de Palais. Tenían mucho sentido con aquella imagen del helado Twister que os envié a todas como concepto. Pero precisamente, por hacer tanto sentido, no lo tenían. Era demasiado literal. Para mí la película se acerca más a la experiencia de la burocracia, que tiene algo de videojuego… que creo que no te gustan mucho…

Alex: Sí me gustan, pero no quería que la película pareciese un videojuego. Me gusta jugarlos.

Sonia: ¿Cuáles te gustan?

Alex: Antes, cuando salía con alguien que tenía bastantes videojuegos, jugaba mucho a ellos. También porque trabajé para ArtFutura un tiempo. No recuerdo la mayoría, pero me gustaba Shadow of the Colossus, donde eras un guerrero a caballo que recorría paisajes muy bonitos muchísimo rato antes de encontrarte con un monstruo. Me gustaba lo tranquilo que era, pudiendo oír la respiración del personaje y del caballo al galopar por los paisajes.

Sonia: Volviendo a la asociación rápida ente la burocracia y el juego, por aquello de pasar etapas y de cómo, al igual que estar actualizada en videojuegos o en la actualidad del fútbol, como fue mi caso un tiempo, la información que maneja tu cabeza caduca muy pronto. Con la burocracia, apenas terminas un proceso tienes que empezar otro… Y luego está el miedo o la sensación de hacerlo mal todo el tiempo.

Alex: Claro, la burocracia en Alemania da miedo…

Sonia: Yo tengo la sensación de que no hago tanta, y eso me asusta. Pero claro, no tengo muchas cosas a mi nombre. Lo que sí hago es enviar cartas a mis amigas o a mí misma para que le perdamos el miedo al buzón alemán. También pienso en Marc Fisher y en Realismo Capitalista, cuando dice que el capitalismo tiene mucha más burocracia que el comunismo, pero que se presenta a sí mismo como no burocrático. Ya sólo navegar internet es un montón de burocracia. ¿Cuál es tu relación o percepción general de la burocracia por los diferentes sistemas que conoces?

Alex: Para mí es como un agujero negro del tiempo. Hacerse adulto es tener más y más burocracia. Perder el tiempo con muchos papeles, formularios y la ficción de los números que tienes en la cuenta bancaria. Odio que absorba tanto tiempo.

Sonia: Yo siento placer al hacerla. Me estresa mucho recordar el método cada año, pero una vez llego a él y lo entiendo, lo disfruto y todo.

Alex: Te puedo pasar la mía…  A mí no me gusta la burocracia. Además, siempre te estás preguntando si lo estás haciendo bien, si hay algo en lo que te pueden pillar. Hay una ley a tu favor y no lo sabes hasta que alguien te lo dice cinco años más tarde. Nadie nos explica cómo va todo esto; estamos vendidas.

Sonia: La burocracia me recuerda a algo que creo que le oí decir a Lazzarato sobre la democracia como un sistema de derechas que se presenta como neutro y claro, cualquier acción de izquierdas se las tiene que ver con una estructura a la contra. Hay un documental, que precisamente sucedía en Bruselas sobre leyes digitales, que exponía cómo conseguir derechos toma muchísimo más tiempo que eliminarlos. Y ahora mismo estamos en un momento en el que, si no éramos conscientes, ya es totalmente obvio que la justicia y lo justo no tienen mucho que ver. Y aquí es cuando vuelvo a pensar en A Bunch of Questions with no Answers, porque siento una relación con Palais que tú puedes contar mejor que yo.

Alex: Desde antes de Palais, siempre me habían interesado los juicios, o el cruce entre narrativa y juicio; lo judicial como una especie de juego con sus propias reglas en las que puedes encontrar una suerte de recovecos. También está la cuestión de la jerarquía, que es algo que intentábamos deshacer con Alma en La mano que canta con respecto a imagen, sonido y palabra. Además, hice la pieza Segunda persona, tercera persona, que tiene que ver precisamente con la burocracia y con los procesos de petición de asilo en Francia. Aquí uso la misma estrategia que en A Bunch of Questions with No Answers. La primera consiste en una entrevista con un “oficial de protección”, como lo llaman, y un demandante de asilo. Lo que yo hice fue quitar las respuestas y quedarme sólo con las preguntas para enfocarme en el trabajador y en cómo funciona ese tipo de burocracia no solo dentro de la estructura del formulario, sino la manera en la que una persona improvisa dentro esa la estructura y la encarna.

En A Bunch of Questions… decidimos eliminar las respuestas porque se nos hacía totalmente insoportable escucharlas. Además, desde el COVID empecé a estudiar a Spinoza junto a otras amigas, con un interés en deshacer jerarquías o situaciones en las que hay una posición de poder. Spinoza habla precisamente de que no existe el “poder alegre”. Por definición, tú tienes poder cuando le quitas la capacidad de acción a otra persona. Cuando Rob y yo mirábamos las ruedas de prensa del Departamento de Estado, sentíamos cómo se destruía nuestra capacidad de acción por lo desoladoras, exasperantes y deprimentes que eran las respuestas. Al mismo tiempo, éramos testigos de las brillantes preguntas de los periodistas que estaban en esa sala, día tras día, cuestionado el poder, informados con el conocimiento geopolítico e histórico de la región, de la historia de la política exterior de Estados Unidos. Y recibían evasivas y ensaladas de palabras como respuestas. Se relaciona con eso que decías del lenguaje como un muro ante preguntas, demandas de explicación o accountability.

Un día, volviendo de un concierto con Rob, salió la idea de quitar las respuestas y quedarnos con las preguntas. Al día siguiente, Rob estaba descargando todos los vídeos de las ruedas de prensa y diseñando un algoritmo para quitar las respuestas. Y lo cierto es que nos sentimos mucho menos solos en esa sala escuchando todas esas preguntas que también nos estábamos haciendo, entre nosotros y con otros, por no creernos la narrativa que presentaban los medios. Que hubiese toda una serie de periodistas encarando al poder diciendo “esto no tiene ningún sentido”, nos generaba más capacidad de acción y más ganas de seguir trabajando, resistiendo de la manera que pudiésemos en movimientos de solidaridad con Palestina. Ahora que estamos presentando la película, sentimos que hace eso mismo: da ganas de hablar, de discutir, de acción más allá de la furia.

Creo que parte de esto tiene que ver con Palais y cómo comparábamos al Palacio de Justicia con la sede de la Unión Europea, con la caída de una máscara y una narrativa que, en A Bunch of Questions with no Answers tiene que ver con la administración de Biden como progresista. Digamos que presenta un momento en el que todavía se pensaba que era posible obtener respuestas, que lo legal funcionaba y que la ley internacional tenía algún sentido. Había un intento de apariencia de cumplir con la ley que ahora, con Trump, ha desaparecido por completo. La administración de Biden es como un último momento de ese teatro democrático donde los periodistas aún pueden hacer todas las preguntas y pueden exigir todas las respuestas.

Nos motivaba también saltarnos a los medios cuyos consejos editoriales estaban censurando a sus periodistas. Íbamos directamente a la antesala que cuenta toda la historia de ese año y medio de manera contextualizada y llamando a las cosas por su nombre, no como hicieron la BBC, CNN, AP, etc., cuyos periodistas estaban en esa sala. Es un documento histórico.

Sonia: No he visto la película, pero sí recuerdo que en el mes que esas preguntas estuvieron online en texto, estuve haciendo scrolls infinitos por ellas. Yo sólo leo ciertos medios y a veces me pierdo lo que se dice en el mainstream. También porque me duele. Pero curiosamente, en Galicia, con Nós, un periódico histórico impreso, independentista y de izquierdas que cuenta todo lo que los demás no cuentan, me encontré con noticias a finales de 2023 que hablaban del genocidio y con periodistas palestinos… en un pueblo perdido de la Mariña lucense en la que rodasteis aquella película de amigas y zombis.

Sobre el poder, se habla mucho de la distribución del poder, pero en la conversación con Terre Thaemlitz ella me hablaba precisamente de que la meta debería ser la desinversión del poder, una palabra que en inglés forma parte del BDS. Y justo hace poco hemos visto cómo despedían a un periodista por preguntar que, si a Rusia se le exigía la reconstrucción de Ucrania por todo el daño causado, entonces a Israel se le debería pedir lo mismo con respecto a Gaza. Y me emocionó ver otro vídeo de otro periodista, recogiendo esa pregunta y volviéndola a hacer. Me recordó la importancia de insistir, de recoger las preguntas de compañeras que se quedan sin respuesta para tampoco dejarlas solas. Hace tiempo que me pregunto cuál sería el efecto de preguntar individualmente, por ejemplo, qué van a hacer los pabellones nacionales para sacar al pabellón de Israel de la Bienal de Venecia. Quizás es más efectivo que una carta que recoge miles de firmas por la presencia continua de la misma pregunta. Es muy frustrante cómo se aplican las buenas maneras coloniales y cómo, ante preguntas “difíciles”, se responde cuestionando las formas de la pregunta o de quién pregunta.

Alex: La situación en la que un periodista recoge la pregunta de otro se ve muy claramente en A Bunch of Questions… Al principio hay un único periodista, Sahid Arikat de Al-Quds, que está haciendo preguntas sobre Palestina y, a lo largo de la película, toda la sala se une a él. Son varios los momentos en que un periodista recoge una pregunta sin respuesta y la repite, apoyando a unx compañerx. Se puede ver el compañerismo y la ética periodística en esa sala. Lo hacen con Shirin Abu Akleh, que fue asesinada por los sionistas en 2022, preguntando por su investigación y por su falta de consecuencias. Es un retrato colectivo que se va haciendo a medida que la película avanza, demostrando una ética periodística que cuestiona el poder y hace su trabajo.

Sobre la desinversión, esta debería darse también con respeto a la atención y no sólo al poder. Si dejas de prestar atención a según qué narrativas, mueren.

Sonia: Que es uno de los problemas actuales con el fascismo…

Alex: Yo creo que sí. Está ganando el fascismo y quizás en parte es porque nos falta imaginación desde las artes, desde la narrativa, para generar otros imaginarios.

Sonia: Yo creo que el problema es que jugamos siempre en su narrativa. Cuando estaba en Twitter, había un perfil llamado “No les hagas casito” o algo así. ¿Te acuerdas?

Alex: Sí, pero tiene que ver, una vez más, con la atención. Si hablamos de desinversión, se trataría de dejar de hacer caso a esa narrativa y prestar atención a otras para impulsar otras diferentes.

Sonia: Que es lo que le ha pasado a Palestina durante casi 80 años, que nadie ha hecho caso a su narrativa. Yo intento no compartir, pero reconozco que ando muy enfadada con Alemania y caigo en ello. Claro, el algoritmo lo lee como importante a nivel de ceros y unos.

Alex: Yo tengo cuidado con prestar demasiada atención y compartir cosas que están hechas para que tú, al verlas, tengas una reacción emocional de ira o de indignación. Porque sí considero que esto nos quita capacidad de acción. Hasta cierto punto, hacen que quieras actuar, pero en realidad lo que necesitamos es buscar relatos que nos permitan organizarnos y unirnos en la lucha. Creo que hay narrativas que simplemente nos aíslan en nuestro enfado y en nuestra tristeza, en la desazón. Se trata también de la desinversión en este tipo de dinámicas, de aprender a detectarlas e invertir en otras. A Bunch of Questions with No Answers también fue una reacción a los clips cortos que salían en Instagram de intercambios entre periodistas y el speaker del Departamento de Estado, con respuestas que te ponían furiosa porque tenían esa misma función. Queríamos alejarnos de todo esto y estar más cerca de un cine militante que pueda generar un público que se una, que se junte para organizarse narrativa, visual, políticamente.

Sonia: Es cierto. Con esas respuestas frustrantes nos centramos en lo que responden y pensamos menos en lo que no responden, que es quizás más importante. Yo me he visto muchas veces ahí, en la desesperanza. Y cuando otros me hablan de desesperanza, les digo que no podemos caer en esto, que hasta tiene algo de concesión. Yo tardé mucho en llevar la kufiya en Berlín por una cuestión que ahora me parece muy absurda: quería la mía de cuando tenía doce años y no entendía muy bien todo lo que significaba, pero la llevaba el instituto entero, entiendo que por el carisma mediático de Yasser Arafat en los 90. Cuando la gente me habla de desesperanza, les recomiendo llevar una kufiya en Berlín, porque te pasan cosas bonitas con ella y te ayuda a saber dónde y con quien estás. Además, como pasó con Javier Bardem en aquella gala y como he vivido en primera persona en alguna inauguración, es un fuck off al glamour del arte y un statement político a varios niveles. La kufiya es un elemento básico de apoyo a la resistencia del pueblo palestino que no se deja gentrificar.

Lo que dices de las narrativas también me recuerda a cómo hacemos nuestras “las victorias”, pero no los fracasos o tropezones. Llevo tiempo pensando en cómo colectivizarlos. Ver las cancelaciones y los procesos difíciles de otras personas nos ayudan a seguir otro camino. Es también parte del aprendizaje.

Alex: Siguiendo con Spinoza, yo también me enfurezco con esos “tropezones”. Pero luego pienso que hay que poner el foco en otra cosa.  Puedo gastar la energía en la cancelación de alguien en algo mucho más constructivo. Lo noto cuando trabajo en colectivo con otras personas. Cuando hay enfado por algo, intento ir a otra cosa, aunque entiendo que puede ser frustrante para otros. Intento pensar en que cada uno hace lo que puede y en que no todo el mundo puede hacer las cosas perfectamente, ni siquiera una misma. También hay que tener la humildad de reconocer cuando lo haces mal, pero poder seguir a pesar de los errores. Creo que es terrible humillar a los demás, porque de ahí no se aprende gran cosa más que más violencia. A la vez, todo tiene matices, porque hay colectivos que usan el shaming como estrategia y creo que puede funcionar con instituciones. Por ejemplo, para presionar o hacer que dejen de invertir en Israel, etc. Pero me genera muchas dudas usar esta estrategia contra individuos o artistas que no están en situaciones de poder.

Sonia: Para mí, ahí hay un desvío de la culpa, como pasa con el sujeto abusador señalado por otros abusadores que lo usan como cortina de humo. Cuando me enfurezco mucho, intento preguntarme por qué me está pasando eso. Y ahí te quiero agradecer lo que posteas en redes, porque muchas veces me ayuda a volver a estar en lo que hay que estar, en dónde está el trabajo a hacer.

Alex: Es que es también una distracción centrarse en cosas pequeñas. Perdemos de vista a los grandes responsables.

Sonia: A veces se trata de seguir lo que pide el BDS. Se lo decía a alguien con la cuestión del Sónar. Ellos saben muy bien lo que hacen y si piden un boicot no busquemos excusas… Añadiría muchas más cosas, pero ¿quizás es momento de dejarlo aquí? Me parece un buen final salir de la tristeza individual para encontrarnos en otros relatos y lugares.

[Esta conversación (y más palabras) entre Alex Reynolds y Sonia Fernández Pan tuvo lugar el 18 de noviembre de 2025, estando ellas en Bruselas y Berlín respectivamente].